The Peasants Are Revolting!

Annely Juda Fine Art, London, 2017

The works in this exhibition come out of my research for the construction of a pigment garden in the Sierra María Los Vélez, Almería, Spain. It is located on an old farmstead (cortijo), on marginal arid land. The area was depopulated during the rural migration of the sixties and seventies, but typical of the more recent waves of migration into the area, this cortijo has been renovated by a couple of British artists, Simon and Donna Beckman, who have founded Joya: arte + ecología, an artist-led fieldwork research centre.  This project has allowed me to build on my previous work by re-appropriating the peasant as a transnational figure rather than as a symbol used to promote nationalism as has happened during the twentieth century.  I uncover the intimate links between the subjugation of peasant culture within Europe and oppression of diverse indigenous knowledges and technologies outside Europe by Western modernity.

Spain's colonial past is inscribed into its contemporary landscape. During my first visit to the site I noticed that the landscape at lower altitudes was dominated by the prickly pear cactus (Opuntia), which originates from central America, and that most were heavily infected by cochineal, an insect which produces a crimson dye which Spain used to import from Mexico during the colonial era.  Consequently, rather than attempting to re-create some 'originary' peasant pigment garden of 'native' plants, I trace the trajectories of certain plants and plant-pigments, as the colonisation of the New World opened up a rich new resource of plant colours for exploitation by Europe, and especially the Spanish Empire.  Much like now, the sixteenth century was a time of great global change and upheaval, with colonialism, the consequent development of capitalism in Europe, and the Reformation. Various alternative world views and social movements surfaced during this time leading to a series of uprisings, such as the failed German Peasant War of 1525. It was therefore, a time of counter-revolutionary tactics aimed at subduing the peasant class, such as the Great Witch Hunts which were also exported to the New World.(1) This contributed to the suppression of indigenous and peasant knowledges of plant life, which, in the current global and environmental crisis, may now point to alternative futures. 

For the paintings in this exhibition I have used a combination of plants (and insects) originating from both Europe and Central America. I have dyed and mordant-printed calico for the backgrounds, and painted on top using plant pigments that I have made with both European and Mesoamerican technologies. The pigment which perhaps most embodies this hybridity, is Mayan blue which I have made from woad. This remarkable pigment, which is outstandingly stable, was made from the tropical indigo plant native to Central America (xiuquílitl in Nahua, the language of the Aztecs) by a process unique to Mesoamerican Amerindians. It is believed to have been invented around 700 CE by the Mayans, and was eventually used across Mesoamerica, however, the practice of making the pigment was lost by the 17th century in the wake of colonialism. The technology behind the pigment has been going through a process of re-discovery through archaeology and analytical chemistry during the late twentieth century, allowing me to now adapt the recipe, using the European source of indigo, woad. Thereby, weaving together the entwined narratives of indigenous Mesoamericans and European peasants under colonialism and Western modernity.

Las obras de esta exposición provienen de mi investigación para la construcción de un jardín de pigmentos en la Sierra María Los Vélez, Almería, España. Está ubicado en un cortijo, en una tierra árida y marginal. La zona fue despoblada durante la migración rural de los años sesenta y setenta, pero como es común en olas más recientes de migración a la zona, este cortijo ha sido renovado por una pareja de artistas británicos, Simon y Donna Beckman, que han fundado Joya: arte + ecología, un centro de investigación de trabajo de campo dirigido por artistas. Este proyecto me ha permitido construir sobre mi trabajo anterior al re-apropiar al campesino como una figura transnacional y no como un símbolo utilizado para promover el nacionalismo como ha sucedido durante el siglo XX. Descubro los vínculos íntimos entre el sometimiento de la cultura campesina en Europa y la opresión de diversos conocimientos y tecnologías indígenas fuera de Europa por la modernidad occidental.

El pasado colonial de España está inscrito en su paisaje contemporáneo. Durante mi primera visita al sitio noté que el paisaje en altitudes más bajas estaba dominado por la chumbera (Opuntia), que se origina en América Central, y que en su mayoría estaba fuertemente infectada por la cochinilla, un insecto que produce un tinte carmesí que España solía importar de México durante la época colonial. En consecuencia, en lugar de intentar re-crear un jardín de pigmentos "originario" de plantas "nativas", he trazado las trayectorias de ciertas plantas y pigmentos de plantas, a medida que la colonización del Nuevo Mundo abría un nuevo y rico recurso de colores de plantas para la explotación de Europa, y especialmente del Imperio español. Al igual que hoy en día, el siglo XVI fue una época de gran cambio y agitación mundial, con el colonialismo, el consiguiente desarrollo del capitalismo en Europa y la Reforma Protestante. Varias visiones alternativas del mundo y movimientos sociales surgieron durante este tiempo dando lugar a una serie de levantamientos, como la fallida guerra de los campesinos alemanes de 1525. Fue por lo tanto un tiempo de tácticas contrarrevolucionarias destinadas a someter a la clase campesina, como las cazas de brujas que también se exportaron al Nuevo Mundo. Esto contribuyó a la supresión de los conocimientos indígenas y campesinos de la vida vegetal, que, en la crisis mundial y ambiental actual, pueden apuntar ahora a futuros alternativos.

Para las pinturas de esta exposición he usado una combinación de plantas (e insectos) provenientes tanto de Europa como de América Central. He teñido e impreso con mordiente calicó para los fondos, y pintado encima usando pigmentos de plantas que he hecho con tecnologías europeas y mesoamericanas. El pigmento que quizás más representa esta hibridez es el azul maya que he hecho de pastel. Este notable pigmento, que es extraordinariamente estable, se hacía de la planta de añil tropical nativa de América Central (xiuquílitl en nahua, el idioma de los aztecas) por un proceso único de los amerindios mesoamericanos. Se cree que fue inventado alrededor del 700 DC por los mayas, y que eventualmente se utilizó en toda Mesoamérica; sin embargo, la práctica de hacer este pigmento se perdió en el siglo XVII tras la llegada del colonialismo. La tecnología detrás del pigmento ha estado en un proceso de redescubrimiento a través de la arqueología y la química analítica a finales del siglo XX, lo que me permite adaptar la receta, utilizando la fuente europea de índigo, hierba pastel, tejiendo de este modo narrativas entrelazadas de indígenas mesoamericanos y campesinos europeos bajo el colonialismo y la modernidad occidental.